Ciertamente todos hemos llorado alguna vez, por una herida, bien sea superficial o profunda, física o espiritual. Algunos lloramos con frecuencia y otros nos cuesta recordar la ultima vez que lo hicimos. Es fácil recordar cuando eramos niños y estábamos aprendiendo a montar bicicleta y nos caímos durante muchas veces, lloramos, dependiendo de su actitud pudieron desistir por ese día o por ese momento de seguir intentando pero al final terminamos cumpliendo nuestro objetivo, montar bicicleta, entonces sentimos que todos los raspones, golpes y lágrimas derramadas valieron la pena.

Hace poco me encontré con un anime que su titulo me llamo demasiado la atención “Devil May Cry” que se puede traducir como “El Diablo también llora”. Se trataba de un cazador de demonios que prácticamente era invencible y era el dolor de cabeza de los que disfrutaban haciendo el mal, la serie no me llamo tanto la atención pero nunca pude olvidar ese titulo tan reflexivo e interesante que me hace recordar que hasta la persona mas mala del mundo, en los aposentos de su habitación, puede derramar una lágrima porque no ha podido cumplir un objetivo, bien sea ese objetivo sea bueno o malo de acuerdo a la definición de la humanidad.
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Paseando por tierra de nadie (espacio de la universidad que se ve en la fotografía de arriba), me encontré con una escultura. La vi de reojo y pensaba seguir caminando, al verla, me detengo y me dedico a observarla. Me pregunto que estaría pensando, que le pasaba, sentía que me hablaría en algún momento y me diría la razón o el sonido de su llanto en silencio, sonaba en mi mente. Todos los estudiantes y personas que pasaban por ahí, la ignoraban, no la veían, no observaban su frágil cuerpo y postura, exponiendo todos sus sentimientos ante quien estuviese en capacidad de observarla, pero no, nadie se detenía a preguntarle que le sucede. Si, lo se, es una simple escultura, pero ella intenta decir algo aunque no sea de carne y hueso y nadie la escuchaba. Al detallarla mejor observo que tiene en su grabado “En memoria a los desaparecidos de 1928”. Ahora lo entendía todo, lloraba por haber perdido a alguien, me imagine que era una madre desolada que lloraba por la perdida de un hijo. Después de entender todo, dí media vuelta y me dirigí a la facultad, tenia clases a las 5.
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