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Caminando por Ciudad Universitaria muy tranquilamente y relajada, siento que algo en mi pie impide mi movilización y casi hace que me caiga. Prácticamente insulte a lo que se atravesaba en mi camino, al bajar la mirada, observo una frondosa raíz de un árbol que sobresalía de la acera y era la culpable de que casi tuviese un encuentro muy cercano con el suelo. Luego de analizarlo me digo… ¿Quien soy yo para decir que esa raíz esta atravesada? Yo soy la que esta pasando por el espacio en donde ha vivido toda su vida. Ese árbol me hizo reflexionar, hay veces en las que damos por echo que otros son los que están haciendo algo mal, cuando en realidad, nosotros somos el agente que esta afectando la situación Paulo Coelho dice “Dios juzga al árbol por sus frutos, y no por sus raíces” Ciertamente ese árbol ha brindado sombra, hogar a animales, seguramente el espacio de reunión de muchos amigos para estudiar o hablar, el rinconcito de una pareja de enamorados, o el lugar para una persona solitaria que se siente a relajarse. Me sentí indignada conmigo misma por haber considerado que mi transición era mas importante que el espacio de permanencia de la raíz Le hice cariño al árbol como un intento de disculpa y seguí mi camino.

arbol de tierra de nadie

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