Existen momentos en la infancia que recuerdas y pueden ser traumatizantes, tomando en cuenta que durante los 10 años que eres niño y tus padres siempre están pendientes de ti, en algún momento se tienen que equivocar, ¿no? el margen de error debe representar que en algún momento se olvidaran de buscarte en la escuela, de la fiesta de cumpleaños de un compañero que no te llevaron y ciertas cosas similares.

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En estos días recordé una anécdota similar, en mi familia, somos tres hermanos, mi hermana mayor, mi hermanito y yo. Recuerdo que íbamos a un viaje a la playa, mi hermana no quería ir y se quedo con mi abuela, una noticia excelente para mi hermanito y para mi, no teníamos que ir tan apretados en el puesto trasero y no habría una batalla campal por quien le tocaba la ventana. Nos levantamos muy temprano como siempre para disfrutar el mayor tiempo en la playa. Nos detuvimos en una panadería a comprar lo que seria la comida del día, muchas canillas, jamón y queso. Seguimos nuestro camino mientras mis padres hablaban de cosas de adultos y gente grande, mientras mi hermanito y yo jugábamos atrás, nos divertíamos contando los carros verdes o rojos que pasaran o algún otro elemento en el camino que pudiera entretenernos. A mitad del camino, nos detenemos a echar gasolina al auto, mi papa se baja para llenar el tanque del auto, mientras mi mama, mi hermanito y yo esperamos en el carro. Observo a mi alrededor, era una bomba común y corriente llena de aceite, carros, el olor característico de la gasolina, pero había un elemento muy particular que me hizo llamar mi atención, había una panadería.

Siempre he sido fanática del pan dulce, para mi era el mejor invento del mundo (después de las barbies). Miré a mi mama que se encontraba sentada en el puesto del copiloto y le digo “mamá por favoorrrr, ¿puedo comprar pan dulce?” me mira y pone una cara en la que estuvo a punto de decirme “no”, pero ve mi carita de niña buena que quiere comprar pan dulce y dice… “bueno…. esta bien, toma el dinero, compra 8, dos por cabeza” ufffffff que felicidad, entre corriendo a la panadería y después de muchos intentos de que me hicieran caso (a los niños siempre nos desprecian porque no somos igual de altos que los adultos) por fin una señora me atendió, me dio mis panes, yo le dí el dinero y me dio el vuelto. Feliz, agarre uno de la bolsa y salí caminando mientras con una mano me llevaba mi delicioso pan a la boca, estaba dulcito y suave, me sentía en el cielo, en frente de mi se encontraba el corsa blanco que obviamente esperaban mi retorno para seguir nuestro camino. De repente, el auto arranca, dejándome a mi en la bomba, corro detrás de el, gritando y llorando “MAMAAAAA, NO ME DEJEEEEEEN”. Mis gritos no se escucharon y vi como el auto se perdía en la carretera. Me senté en un banco y me eche a llorar, mis lágrimas corrían por mi rostro y mi único consuelo era el pan dulce que me endulzaba mi amargo llanto por haberme abandonado en el camino. El señor que le cobro la gasolina a mi papa se me acerca y me dice “No te preocupes que seguro ya se dieron cuenta que no estas, solo que no pueden dar la vuelta allí”. Indignada, seguí comiéndome mi pan y no le dije nada al señor, mientras mis lágrimas seguían rodando por mi mejilla, “vamos!!! si de verdad me quisieran hubiesen dado la vuelta allí mismo y no me hubiesen dejado allí” pensé en mi mente. Por lo menos tenia 8 panes dulces para mi sola, esperemos que antes de que me los termine de comer todos, regresen. Habría pasado como media hora hasta que por fin volvieron por mi, para un niño, una hora, es toda una eternidad, me sentí en la gloria al ver el corsa blanco que se estacionaba justo al frente de la bomba. No recuerdo que habrá pasado en ese momento pero lo mas probable es que hubiese abrazado a mi mama llorando y hubiésemos seguido nuestro camino.

Al entrar al auto, mi hermanito fue el que se dio cuenta de mi ausencia, el decía que estaba muy cómodo, estirado en todo el asiento de atrás y de repente se pregunto. “heyyy ¿por que estoy tan cómodo? ¿y Vanesa?” Le pregunta a mis padres y mi mama recuerda que había bajado a comprar el pan dulce, mi papa no se había enterado de eso y había arrancado. Durante todo el viaje se estuvieron riendo de como me dejaron. Hoy en día, todavía es un tema de chiste “ja ja ja, ¿se acuerdan cuando abandonaron a Vanesa en el camino?” sería imposible olvidarlo.

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